lunes, 4 de noviembre de 2013

Calma

Una pausa, una desintoxicación de la mente, creía que la necesitaba con urgencia, como buscando el silencio en el bullicio de la calle... tenía la idea equivocada, de suponer que iba costar mucho más, y aún sin embargo, creo que todo contribuyó... como las cosas caen por su propio peso, todo el camino iba en la misma dirección, como peldaños de una escalera agudamente inclinada, que no se desvía, que no contenía vueltas caracol, ni adornadas barandas, algo tan simple como caminar por cualquier vereda y sentirse... o no sentir nada...
Comprobar una vez más, con un tanto más de morbosidad, que no hay motivaciones, ni razones... es inercia.
De entre la indolencia y la indiferencia, se construyeron con paciencia estos días y una gran parte de mi se ha quedado dormida mientras dejo que el resto continue sus pasos, me he convencido que esa es la mejor manera de seguir por ahí dibujando la farsa de este existir.
Es la dosis exacta de anestecia, no hay ausencias, no hay dolor.